En letras rojas, el anuncio decía: FUERA DE SERVICIO. PROHIBIDO SUBIR.
- Ese letrero ha estado ahí todo el día - dijo Jim -. No creo en letreros.
Se asomaron al tiovivo bajo los robles que susurraban y crujían en el viento. Los caballos, las cabras, los antílopes, las cebras, traspasados por jabalinas de bronce, colgaban retorcidos como en las contorsiones de la muerte, pidiendo misericordia con ojos coloreados por el miedo, clamando venganza con dientes coloreados por el pánico.
Un clac, un bum, un chasquido de riendas, un ruido de cobres que subían y bajaban, y la máquina empezó a moverse.
El tiovivo marchaba, sí, pero...Marchaba al revés.
1 comentario:
que grandes sóis!
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