martes, 5 de abril de 2011

Tropezando con la misma piedra

Fragmento de "Guerras climáticas: Por que mataremos (y nos matarán) en el siglo XXI", de Harald Welzer.

"La capacidad superior de adaptación del ser humano a cambios de las condiciones ambientales (las que provocan terremotos o tsunamis) radica en que puede legar su cultura. las nuevas generaciones obtienen los conocimientos y las técnicas desarrollados por sus antecesores; a la hora de establecer estrategias para resolver los problemas, pueden partir del nivel alcanzado por la generación anterior. Lo que las teorías dedicadas a este aspecto fascinante de la vida humana suelen soslayar es que en el marco de esta coevolución social no sólo se transmiten las estrategias "evolutivamente exitosas", que se elaboran a través de las generaciones y se difunden a escala global, sino que también se cometen errores que se transmiten del mismo modo.

Por ejemplo, un éxito a corto plazo basado en la explotación de recursos y sólo posible a través del crecimiento, tal y como lo fue el aumento vertiginoso en la seguridad de supervivencia y del nivel de vida en los paises de industrialización temprana, en el mediano plazo puede conducir al desastre. Si TODAS las sociedades sucumbieran al esquema de la modernidad industrial, el principio de aumento del bienestar se toparía muy rápidamente con el límite natural para la explotación de recursos y el crecimiento. Sin embargo, la estructura psicológica humana sólo registra las transformaciones abruptas en su mundo vital, y no así aquellas que se producen con lentitud.

Por lo tanto, ante un problema de dimensiones sobrehumanas contra el que no se puede hacer demasiado hay dos aspectos psicológicos que confluyen: por un lado, la inercia anacrónica de las sensaciones, esto es, la experiencia vivida que indica que no pasará nada que conmueva al mundo; por otro, la necesidad de hacer desaparecer las disonancias. norbert Elias describe esta inercia como un retardo del habitus, que va siempre por detrás del desarrollo de la realidad, lo que evita que la transformación de las percepciones se produzca al ritmo de la transformación social. "Seguimos siendo" lo que ayer creíamos que éramos, escribe Günter Anders; las apreciaciones no están sincronizadas con cambios que amenazan la propia situación. Anders atribuye esta "ceguera ante el apocalipsis", es decir, la incapacidad de evaluar adecuadamente los peligros reales y de reaccionar frente a ellos, al hecho de que "durante generaciones se ha creído en el ascenso aparentemente automático de la historia".

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