jueves, 26 de febrero de 2015

Gentrificación y literatura (II)

Fragmentos extraídos del libro "Un artista del mundo flotante" de Kazuo Ishiguro. Ambientado en los tiempos de la posguerra en Japón, Ishiguro describe con nostalgia todo aquello que se pierde en los antiguos barrios bohemios con la reconstrucción de un país bombardeado.

[...] "he dicho "nuestro barrio de vida nocturna", pero en realidad no era más que un lugar donde beber, comer y charlar. Las auténticas zonas de vida nocturna, las casas de geishas y los teatros, estaban en el centro de la ciudad. Yo siempre he preferido nuestro barrio. Atraía a una muchedumbre animada y al mismo tiempo respetable, gente en su mayoría como nosotros -artistas y escritores seducidos por la idea de conversar animadamente hasta bien entrada la noche- [...].

[...] La zona empieza cuando el Puente de las vacilaciones, por ejemplo, era un desierto cubierto de escombros. Ahora, en cambio, es un lugar donde las obras progresan a gran velocidad. Frente al bar de la Señora Kawakami, donde antes se amontonaba la muchedumbre en busca de diversión, están haciendo una carretera y, a ambos lados del establecimiento, están poniendo los cimientos de los que serán en un futuro bloques de oficinas. Cuando la Señora 
Kawakami me contó que una empresa le ofrecía una buena cantidad de dinero por su local, ya hacía tiempo que había supuesto que, tarde o temprano, la mujer tendría que cerrar e irse a otro sitio.

[...] La Señora 
Kawakami se quedó callada, como si entre el ruido que hacían los obreros distinguiera algún sonido. Acto seguido, se le iluminó la cara con una sonrisa y dijo:- ¡Antes era un barrio magnífico!, ¿Se acuerda?
Le devolví la sonrisa pero no respondí. El barrio había sido magnífico, sí. Todos habíamos disfrutado mucho y la alegría y el buen humor que impregnaban nuestras discusiones siempre habían sido sinceros. Pero quizá aquella alegría no fuera tan positiva y, como otras muchas cosas ahora, tal vez sea mejor que todo aquel mundillo haya desaparecido para no volver. Aquella noche estuve a punto de decirle estas mismas palabras a la Señora 
Kawakami; sin embargo, decidí que habría sido una falta de tacto. Naturalmente, su antiguo barrio significaba mucho para ella. La verdad es que le había dedicado todas sus fuerzas y toda su vida; por lo tanto, es fácil comprender que se negase a aceptar que aquello formaba ya, y para siempre, parte del pasado."