domingo, 28 de junio de 2026

La utopía de la catástrofe: del apoyo mutuo al pánico de las élites

Les compartimos algunos párrafos del libro "Un paraíso en el infierno" de Rebecca Solnit, donde aprendemos que los desastres y catástrofes pueden mostrarnos que todo está conectado. En dichos momentos de crisis confirmaremos el fracaso de las instituciones frente al éxito de la sociedad civil a través del altruismo, lo colectivo y el apoyo mutuo, concepto desarrollado por el anarquista Piotr Kropotkin para definir nuestro comportamiento en respuesta a la autoridad coercitiva y las posibilidades sociales que surgen con el desastre. Como afirmaba el científico Charles Fritz el desastre nos ofrece una forma de shock social que interrumpe los patrones habituales e institucionalizados de conducta y favorece que la gente participe en la transformación social y personal.

Partiendo de ejemplos como los terremotos de San Francisco y México (1906, 1985) o el Huracán Katrina (2005), Solnit nos habla del pánico de la élites a la auto-organización civil que perturba el orden social preestablecido por el poder y como este pierde toda legitimidad para acabar siendo inexistente o irrelevante. Precisamente, en una situación de catástrofe, las élites sucumben al pánico por miedo a que nosotrxs lo hagamos, y, al imaginar que la población es un peligro, pone en peligro a la población. Y todo ello televisado o compartido en las redes sociales: saqueos de comercios, ocupación de propiedades privadas, intervención de las fuerzas del orden y tantas imágenes que los medios tratan de forma sensacionalista durante terremotos, inundaciones o incendios. 

Solnit, analizando otrxs autorxs, llega a la relación inevitable entre desastre y revolución:
"De todas maneras, las semejanzas y los vínculos entre el desastre y la revolución son importantes. Si una revolución es un desastre —supuesto que apoyarían muchos de quienes se oponen a ella— lo es porque el desastre es también una suerte de utopía: los dos fenómenos comparten aspectos de solidaridad, incertidumbre, nuevas posibilidades y perturbación del sistema de gobierno: se rompen las reglas y se abren las puertas."

Incluso con las nociones básicas budistas:
"Muchas prácticas religiosas tienen en su centro la idea de que todo está conectado y reafirman los profundos vínculos que nos unen con la comunidad, con la congregación de fieles o con el total de los seres. El altruismo y la ayuda mutua que surgen repentinamente en las catástrofes tratan de inculcarse, aquí, como prácticas diarias. Los puntos en común resultan interesantes. El budismo, por ejemplo, nos enseña que el sufrimiento nace del apego. También del apego a un pasado doloroso y a un futuro imaginado y a la noción de un yo independiente. El desastre incentiva el desapego respecto a los bienes materiales, pero también respecto al pasado y al futuro, o, más bien, reduce el apego a las abstracciones y los objetos y alimenta el que nos une al resto de criaturas y circunstancias de la existencia [...] En realidad, el desastre es un curso acelerado para comprender ciertos principios budistas: la empatía hacia todos los seres, el desapego, el desengaño de la fantasía de nuestra independencia, la conciencia de la transitoriedad y la audacia o el aplomo ante la incertidumbre".

Y la anarquía:
"Por eso los desastres son tan importantes para la filosofía política: en ellos, las jerarquías, las administraciones y las instituciones —el conjunto de la estructura social— pueden desmoronarse, y el resultado suele ser la anarquía en el sentido en que Kropotkin la entendía, un conjunto de personas que deciden libremente cooperar en comunidad, y no la violencia tumultuosa y caótica que nos muestran los medios de comunicación."

El libro completo se puede descargar en este link. Foto: EFE.




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