Hoy les transcribimos un mensaje que encontramos en una botella flotante en el Océano Atlántico hace tres siglos. Son fragmentos del libro "La Hidra de la Revolución" de Peter Linebaugh y Marcus Rediker, que relata la considerada primera gran expansión del capitalismo a nivel global a través de las relaciones comerciales, invasiones colonialistas y las correspondientes resistencias a lo largo del Océano Atlántico.
En el siglo XVII marineros y piratas organizaron una sociedad alternativa para atacar los intereses y propiedades mercantiles e imperiales hasta que el llamado Estado Marítimo (considerado más que hegemónico en el caso de la Armada Británica) tomó cartas en el asunto y endureció las condenas y practicó las masacres en alta mar. El término hidrarquia se refiere a dos acontecimientos relacionados entre sí que se produjeron a finales del siglo XVII: la organización del Estado Marítimo desde arriba en el Imperio Británico y la organización que crearon para sí mismos los propios marineros desde abajo. Los marineros comenzaron a unirse con otros por lealtad y solidaridad, dando como resultado una tradición marítima radical que también convirtió a este océano en una zona de libertad.
Tenemos por tanto a flote la figura del barco como claro motor del capitalismo en los inicios de la revolución burguesa en Inglaterra y, al mismo tiempo, como escenario de resistencia, que incluso tuvo su propio idioma: el Pidgin (o inglés macarrónico) que los lingüistas analizan como un idioma intermediario, multilingüe y con clara significación radical. El Pidgin fue una amalgama de, primero, inglés náutico; segundo el "sabir" del Mediterráneo; tercero, el habla hermética y esotérica de los "bajos fondos", y coma cuarto, las construcciones gramaticales de África Occidental. Como la propia sociedad pirata, fue multirracial, multicultural y multinacional ("Bandidos de todas las naciones", llegó a decir el gobernador de Jamaica, Nicolás Lawes).
Aunque hayamos mantenido el masculino plural en este post fueron también esenciales las acciones de mujeres piratas como Ann Bonny y Mary Read, hasta el punto de aparecer en la portada de "A general history of the pyrates", imagen que ilustra este post.
"El barco pirata de principios del siglo XVIII fue "un mundo vuelto al revés", debido al convenio que establecía las normas y costumbres del orden social de los piratas: una hidrarquía desde abajo. Los piratas administraban justicia, elegían a sus oficiales, repartían el botín a partes iguales y establecieron una disciplina diferente. Limitaron la autoridad del capitán, se resistieron a aceptar muchas de las prácticas de la Marina Mercante capitalista y mantuvieron un orden social multicultural, y multirracial y multinacional. Intentaban demostrar que los barcos no tenían que ser gobernados del modo brutal y opresivo que reinaban en los buques de la Flota Mercante y de la Armada Real. El barco pirata era democrático en una época no democrática. Los piratas reconocían a su capitán una autoridad incuestionable en la caza de navíos y en la batalla, pero en los demás casos insistían en que estuviera sometido al "gobierno de la mayoría". "Le permitían ser capitán a condición de que ellos pudieran ser capitanes por encima de él". No le concedían la cantidad extra de comida, ni el rancho exclusivo, ni el alojamiento especial que reclamaban habitualmente los capitanes de la Marina Mercante o de la flota de guerra. Aun mas, si la mayoría lo decidía podía quitarle el puesto, y así se destituía los capitanes por cobardía, por crueldad, por negarse a capturar y saquear navíos ingleses e incluso por ser "demasiado aristocráticos". [...] El barco pirata era una organización igualitaria en una época jerárquica, ya que los piratas repartían su botín a partes iguales, nivelando la elaborada estructura de las categorías de salario que era común a todo el resto de empleos marítimos. [...] "Hay tan poco gobiernos y subordinación entre los piratas, que en ocasiones todos son capitanes, todos son líderes". Mediante la explotación de un barco mercante (después de un motín o tras su captura), los piratas se hacían con los medios de producción marítima y los declaraban propiedad común de quienes los trabajaban. En vez de trabajar a sueldo utilizando las herramientas y la gran máquina (el barco) que eran propiedad de un capitalista comerciante, los piratas abolieron el salario y mandaban en el barco como si fuera de su propiedad, compartiendo a partes iguales los riesgos de la empresa común. [...] Después de apresar un navío, los piratas "administraban justicia" averiguando como trataban a su tripulación los que mandaban en dicho navío. A continuación "ataban a un poste y azotaban a aquellos contra los cuales se habían formulado quejas".[...] sin embargo no castigaban a los capitanes de manera indiscriminada. A menudo recompensaban a los "individuos honestos que nunca abusaban de los marineros" e incluso se ofrecían a dejar que algún capitán decante "volviera a Londres con una gran suma de dinero y desafiará a los comerciantes". De esta manera los piratas actuaban contra las brutales injusticias que se cometían en la marina mercante, de tal modo que un miembro de alguna tripulación llegó a firmar que eran "una especie de Robin Hood".
El libro completo se puede descargar en la web de Traficantes de Sueños en este link.

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